“Durante 1995 en Urabá los actores armados realizaron seis masacres con un saldo de 86 muertos. Además se presentaron 952 asesinatos en casos aislados, inferiores a cinco individuos. La serie de masacres comenzó después de que la guerrilla de las FARC asesinara a seis personas, entre ellas dos soldados vestidos de civil, en Apartadó. Los paramilitares contestaron con una masacre de 18 personas en una discoteca de un barrio habitado por miembros de la Unión Patriótica, brazo político de las Farc en Chigorodó. La respuesta de este grupo guerrillero no se hizo esperar y éstos ejecutaron a 11 personas en Apartadó y 19 más en el municipio de Carepa. En medio del estupor nacional por lo que sucedía allí, se vivieron unos días de tregua y luego las Autodefensas de Córdoba y Urabá ajusticiaron a seis miembros de las UP en Turbo. La cadena de muertes concluyó el 20 de septiembre de 1995, cuando las Farc penetró nuevamente en Apartadó y perpetró la masacre conocida como “Bajo del Oso” donde detuvo un bus y obligó a todos los pasajeros a bajarse empujándolos contra el piso, amarrándoles las manos y ejecutando a los 26 trabajadores de esa finca bananera”.

Al terminar de leer el informe, Castaño me observaba con una mirada fija y penetrante, y dijo:

- Así ocurrió. Los actores armados también recurrían a la desinformación y tergiversación de los hechos, inclusive ejecutando acciones en nombre de su enemigo.

- ¿Podría citar un ejemplo?

- El de la última masacre que usted mencionó -la del “Bajo del Oso”. Esta zona pertenecía a la Unión Patriótica y el partido comunista. Durante los primeros días se responsabilizó a las Autodefensas por la masacre y las FARC también nos denunció. Inicialmente el país les creyó, pero una semana después se conoció que había sido una acción calculada y desarrollada por las FARC.

Durante el primer semestre de 1996 la situación no cambió. La primera masacre de ese año ocurrió en febrero.

Las FARC ejecutaron a once trabajadores de una finca cercana al municipio de Carepa. La réplica de la Autodefensa se dio un mes después, en abril. A un billar del barrio Policarpa Salavarrieta llegó un comando nuestro que ejecutó a diez personas de la UP. En mayo, un mes después, las FARC fusiló en respuesta a dieciséis personas en una finca del corregimiento de Turbo, que contralaba la Autodefensa

Interrumpí a Castaño, abrí de nuevo mi fólder, y le dije:

- Revisando entre la caja de documentos importantes que usted me entregó, encontré un comunicado que me llamó la atención. Es un volante que circuló el 26 de noviembre de 1996, en el que la Autodefensa lanza la siguiente amenaza clara a los habitantes del Urabá:

“Desafiamos a las FARC a una guerra frontal entre combatientes, sin involucrar población civil. Quedando aclarado que no consideramos población civil al margen del conflicto a personas que voluntariamente presten servicios a las FARC, tales como:

- Suministro de víveres, drogas, alimentación, etc.

- Dar albergue en sus casas a guerrilleros.

- Suministro de información y cualquier tipo de apoyo logístico a la guerrilla”.

Le comenté a Castaño que leí ante Hernán Gómez este documento al final de nuestra conversación en Montería. Le pregunté sobre la guerra en Urabá y me dijo: “Si quiere ganar la guerra, se debe definir cuál es la comunidad, dónde se encuentra y quiénes quedan al margen”. ¿Cuál es de verdad la población civil? Eso es lo que hay que definir. El arte de la guerra irregular consiste en confundirse entre la población civil y ahí radica el problema del conflicto colombiano. Guerrilla de noche y población civil de día. Al definir quién es civil en una zona, aparecen los guerrilleros. Más que quitarle el agua al pez, como decía Mao, se debe asfixiarlo. Si mantienes a la subversión en el monte y no hay quien le proporcione dinero y comida, se tornará miserable. De tal manera Castaño venció al EPL y a las FARC en Urabá”.

- Aquello podrá ser efectivo, pero es cruel-le dije aterrado a Castaño, y tranquilo me reiteró algo que en varias ocasiones me había dicho:

- Los métodos utilizados por las Autodefensas con el fin de recuperar el Urabá para la Nación no fueron menos violentos y despreciables que los empleados por el EPL y las FARC para dominar la zona. ¡Eso debe quedar claro! Copiamos los métodos de la guerrilla y así la enfrentamos. No iban a ser las monjitas de la caridad las llamadas a derrotar de manera contundente una subversión tan violenta como ésta.

Tarde o temprano se nos reconocerá nuestro trabajo en Urabá. Imagínese lo que sería de Colombia si estuviéramos en mitad de un proceso de paz con las FARC y el Urabá permaneciera en poder de la guerrilla, ¡eso es sería el acabóse!

Vivo satisfecho y tranquilo, pues si sólo hubiéramos dejado miseria y muerte a nuestro paso, me autoflagelaría. Pero mi situación es diferente y sostengo que valió la pena dar de baja en la región de Urabá a unos doscientos guerrilleros de civil y unos cien uniformados. ¡Vaya y mire! Esta región despierta de un letargo. Hoy hay empleo, educación, salud y armonía entre los empleados y los empleadores. Los sindicatos trabajan para salvar a las empresas no para arruinarlas como sucedía anteriormente cuando allí operaba la guerrilla. Por eso repito con crudeza: ¡valió la pena!

- Pero esto generó un drama terrible que aún no está solucionado, el de los desplazados. ¿Así cómo le satisface la recuperación de Urabá, qué piensa y siente acerca de los desplazados que se les endilga a las Autodefensas?

- Las cifras de desplazados en Colombia no se ajustan a las difundidas. Aquí hay desplazados por la guerrilla, la violencia, las AUC y el hambre. También hay desplazados de profesión y marchistas con sanos y poco sanos intereses. También está la emigración normal del campo a la ciudad, como sucede en todo el mundo urbanizado, y más en un país centralista como Colombia. Me duelen los desplazados forzados a abandonar sus tierras por la violencia que sea. Sé que son miles, pero mientras haya una guerra en una región, antes que verlos morir prefiero que salgan de la zona durante un tiempo prudente, pues lo primero es la vida.

En la región de Urabá, ha crecido la población más que en cualquier otra parte del país en los últimos años. Gran parte de sus habitantes, antes desplazados, han retornado. También se debe entender que la población de Urabá es errante. Muchos no son de allí y van por su riqueza o por supervivencia.

- Pero ¿existió un momento en la historia de Urabá en que las demandas de la guerrilla resultaban justas porque los dueños de las bananeras no cumplían con las necesidades básicas a sus trabajadores?

- ¡Eso es cierto! Sucedió a comienzos de los años setenta, cuando los dueños de las fincas bananeras hacinaban a los trabajadores en condiciones infrahumanas, sin prestaciones sociales, servicios públicos, educación y salud. Los empleados eran esclavos. En Córdoba ocurrió lo mismo, a menor nivel, pues no es posible comparar la rentabilidad de la ganadería con la exportación de banano. Los dueños de las bananeras poseían el negocio agrícola más rentable de Colombia y su egoísmo originó la violencia que se desató en Urabá. El trabajador se rebeló y entró la guerrilla, con razones de sobra, para reclamar los derechos de los trabajadores. Pero se creó el sindicato más terrorífico de la historia de Colombia, por encima de la USO, en su momento. La gente de Sintagro andaba con pistolas y cuchillos. Comenzaron los secuestros y las extorsiones en la región, al igual que los extensos paros de trabajadores, pero aun así el negocio permanecía rentable. Producía dinero suficiente para que el bananero administrara la finca desde la capital, y para que la guerrilla y la delincuencia común se lucrara.

Se produjo una nueva generación de bananeros, los hijos y nietos de los pioneros, quienes asumieron las riendas del negocio conscientes de los errores cometidos en el pasado por sus predecesores. Efectuaron una reforma laboral, incrementaron los salarios y las prestaciones sociales; permitieron la sindicalización como un derecho del trabajador. Al recuperase los principios, valores y la ética entre los dueños de las plantaciones y sus empleados, desaparecieran los argumentos de la subversión.

El pueblo obtuvo la justicia social que la guerrilla del EPL exigía. Esta guerrilla sentía que por la vía de las armas ya se había hecho el trabajo e ingresó en el proceso de paz del presidente Betancur, obteniendo mayor respaldo popular que cuando tenía las armas, más que la Unión Patriótica en esa zona. Surgieron disidencias en el EPL y entraron las FARC en la zona a querer implantar de manera implacable algo que nadie entendía, destruir lo construido en parte por el EPL, una sociedad más justa.

Las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá entraron en el escenario y se intensificó la guerra. Derrotamos a lo que quedaban del EPL y con su ayuda expulsamos a las FARC de Urabá. Desde entonces la región ha mejorado considerablemente. Desde hace tres años no han ocurrido paros en el Eje Bananero, y los sindicatos unidos en Sintrainagro trabajan hombro a hombro con los empresarios para impulsar la zona. No existe empresa en Colombia, después de Ecopetrol, que cumpla exitosamente con los pagos de las prestaciones sociales a sus trabajadores como lo hacen hoy los bananeros de la asociación Augura. Se ve el progreso y se aprecia la multiplicación de las inversiones, incluso de multinacionales.

Le recordé a Castaño las famosas comunidades de paz. Protagonistas del conflicto por ser grupos de personas que se declararon neutrales en el conflicto armado, ni a favor de la Autodefensa ni de la guerrilla.

- ¿Por qué fracasaron? Le pregunté

- Las comunidades de paz nacieron de un éxodo creado por las FARC en el Atrato Medio, que comprendía Riosucio, Truandó, Río Remacho y Puerto Lleras. Después de incursionar la Autodefensa ahí. Las FARC atemorizó la gente con mentiras como que la Autodefensa los decapitaría. Cuento que le ha servido mucho a las FARC para asustar al pueblo.

El padre Leonidas Moreno, en un gesto altruista, albergó en Apartadó y Turbo hasta diez mil personas en centros improvisados de atención para desplazados. La Unión Europea apoyó económicamente al padre en el proyecto de crear unas comunidades de paz imparciales en el conflicto.

En sus inicios la obra social produjo resultados y la Autodefensa no se opuso, pero con el tiempo las FARC infiltró guerrilleros en las comunidades de paz con el fin de conseguir alimentos para sus frentes armados y realizar fechorías o esconderse entre la población civil que estaba allí. ¡supuestamente imparcial!

El proyecto del padre fracasó. En privado lo reconocía, pero en público, jamás.

- ¿El padre Leonidas aparece junto al papa Juan Pablo II, en una foto que tiene su mamá en un altar de la habitación?

- Sí -contestó sonriendo-. Veo que no pasó inadvertido para usted el rinconcito de oración de doña Rosa. El padre Leonidas es un viejo amigo mío y de la familia. Cada vez que mi madre reza en el altar comenta que el curita es un santo. Él la visita ocasionalmente.

Aunque lo aprecio y lo respeto por su trabajo pastoral, también lo critico por arrodillarse ante las FARC. En una oportunidad cenamos y tomamos vinito de consagrar. Hablamos de los problemas de la región. Nos despedimos con la amabilidad habitual. Al día siguiente criticó sin compasión a la Autodefensa en los medios de comunicación. Yo jamás le diría que no se expresara, es su función, pero al verse obligado a criticar a las FARC, permanecía silencioso por temor. Era consciente de que si denunciaba a la guerrilla, lo mataban al otro día.

En una carta de protesta por su silencio, le escribí una frase de Martín Luther King: “No nos escandalizan los actos de la gente mala, nos duele el silencio de la gente buena”.

Pienso que el padre no se miente a sí mismo, prefiere callar ante una realidad aberrante. Perdió la batalla con las FARC y la guerrilla le quitó las comunidades de paz, pero si él llega a decir una palabra revelando la realidad de lo que pasa allí, es decirle a Carlos Castaño, entre y acabe con esto, es una especie de bendición. La única ventaja es que el padre les dijo la verdad a los europeos. Ahora no trata de convencerlos de que las comunidades funcionan.

Las FARC, derrotadas militarmente, insistían en recuperar Urabá con su estrategia de la “combinación de las formas de lucha”. Trasladaron periodistas europeos a la zona con el fin de desprestigiar a la Autodefensa y con sus ONG de izquierda trabajaron en contra nuestra. Manipulaban denuncias contra nosotros y montaban teatros de terror. Llegaron al punto de publicar un libro en contra nuestra, basado en mentiras y editado en varios idiomas excluyendo el español. El texto sólo lo distribuían en Europa. Un simpatizante nuestro obtuvo una copia en Holanda y me lo envió. Aterrador lo que se inventaron.

Capturé a los que llevaban a cabo el trabajo de campo del libro, unas comisiones de la Universidad de Antioquia, y les dije: “Señores, la situación de ustedes es muy complicada, el Estado Mayor de la Autodefensa posee un tribunal muy estricto y severo. Si me revelan quién está detrás de la elaboración del libro los absuelvo antes de presentarse ante el tribunal”. Y soltaron íntegra la historia.

El cerebro de esta maquinación era un profesor de apellido Henao. Dictaba clases en la Universidad de Antioquia y se comunicaba continuamente con el comandante de las FARC ‘Alfonso Cano’. Lo rastreamos hasta conseguir cuatro casetes en los que se encontraron tres conversaciones de una hora y media vía teléfono satelital con la guerrilla en un lapso de una semana. Descubrimos que Henao se encargaba de recibir y trasladar hasta Urabá a grupos de periodistas europeos con destino a las comunidades de paz. Por el camino aparecían campesinos con el libreto listo y difundían la historia que las FARC quería contar.

La Autodefensa ejecutó al profesor Henao no sólo por esa falta grave sino por sugerir en las conversaciones con ‘Alfonso Cano’ la necesidad de eliminar algunos líderes del Urabá, por el bien de otras personas.

¡Yo sostengo la misma tesis, pero estoy al margen de la ley y soy objetivo militar! Un profesor universitario, desde la legalidad no puede plantear como posibilidad matar a menos para salvar a más. Eso es de irregulares como nosotros.

Henao creó numerosos documentos que agudizaron la guerra pero lo que precipitó su ejecución fueron dos asesinatos que él orquestó en la Universidad de Antioquia, y lo supo antes de morir. El primero fue el de un funcionario de una ONG que manejábamos nosotros y el segundo sucedió tiempo después de haber sido ejecutado él, pero su responsabilidad era ineludible.