Sin embargo, no sólo violencia ocurrió en esos años. La derrota del EPL trajo un proceso de reinserción y las buenas relaciones circunstanciales que yo experimentaba con este grupo fueron determinantes a la hora de renunciar a las armas.

- Ahora que lo menciona me viene a la mente la opinión de Hernán Gómez. A él le parecía una paradoja que los guerrilleros del EPL prefirieran rendirse ante su enemigo Carlos Castaño, para que les tramitara la reinserción a su organización, ya que temían ser exterminados por el Ejército y sólo confiaban en la palabra de Castaño. Luego me dijo mostrándome una foto con guerrilleros en la sala de su casa: “Yo fui el contacto entre la Autodefensa y el gobierno de Ernesto Samper para efectuar la reinserción con las autoridades. Este proceso se llevó a cabo con el entonces ministro del Interior, Horacio Serpa. Se trabajó de una manera paraestatal con el Gobierno y Serpa lo sabía”.

El ministerio del Interior les pagó cerca de cuatro mil millones de pesos a estos guerrilleros para que se reinsertaran y a la postre ingresaran a las Autodefensas. A raíz de la crisis política del momento, la negociación favoreció al presidente Ernesto Samper, pues se acabó la guerrilla del EPL.

Seiscientos ‘renegados de la guerrilla’ se cambiaron de bando y se colocaron el nuevo brazalete.

- ¿Eso sucedió tal cual como lo cuenta Hernán? -le pregunté a Castaño.

- Sí. Analicemos primero la historia. Aparte de la entrega de armas y hombres en 1991, cuando Fidel aún vivía, el EPL tuvo dos reinserciones más en 1996, cuando definitivamente la Autodefensa lo derrotó y las FARC los perseguía para ajusticiarlos. Trabajamos de manera paraestatal con el Gobierno en 1996 porque se requería una suma importante de dinero que el Gobierno podía cubrir y además le urgía acordar una negociación de paz como triunfo político.

Se entregaron cerca de seiscientos guerrilleros del EPL y el gobierno les compró cada fusil por dos millones de pesos, aunque en el acta de acuerdo se otorgaba el dinero como ayuda económica. Los guerrilleros recibieron algunos beneficios más y una parcela de tierra productiva para que regresaran al campo. Pero la mayoría volvió a la guerra por la persecución de las FARC. Primero se entregó en Quibdó el frente comandado por “Giovani”, luego los otros tres frentes del EPL. Estos hombres se integraron a la sociedad, pero aseguraron en el monte más de la mitad del armamento que poseían, el cual entregaron a las Autodefensas posteriormente a cambio de una remuneración que habíamos convenido. Muchos recibieron doble beneficio, del Gobierno y nuestro.

Creo que al presidente y su ministro sólo les interesaba el hecho político como tal, nosotros se lo pusimos en bandeja de plata.

- ¿Cuénteme con más detalles cómo fue cada una de estas reinserciones?

- Se dieron durante tres o cuatro meses. La primera se hizo con la intermediación del padre Leonidas Moreno y el jefe de la oficina de orden público del Ministerio del Interior, Carlos Rangel. El frente del comandante “Giovani” se entregó con cincuenta guerrilleros. Los transporté de manera clandestina en helicópteros y un avión privado hasta el lugar donde entregaron armas. Como estaban dispersos, el objetivo era concentrarlos en un solo lugar, la finca ‘Cedro Cocido’, en Córdoba, custodiados por la Autodefensa mientras se adelantaran los trámites de la reinserción jurídica que les ofreció Gobierno.

La segunda reinserción fue polémica, porque el grupo de guerrilleros era numeroso y entre ellos se encontraba el comandante ‘Gonzalo’, David Meza Peña. El guerrillero de mayor poder después de Caraballo, el líder preso del EPL. La experiencia del guerrillero ‘Giovani’ en la anterior negociación le proporcionó la confianza que necesitaba la rendición. Los hombres de ‘Gonzalo’ se entregaron en Aquitania. Hablé cuatro veces por teléfono con él, que antes de la entrega me decía: “Yo sólo me entrego si usted responde por mí”. Y le contesté: “Con usted yo no me encarto”. El Ejército invirtió años en la persecución del comandante “Gonzalo” por los secuestros, asesinatos y extorsiones que había ordenado.

Al final acepté responsabilizarme por la vida del guerrillero y la seguridad de sus hombres en la entrega. Por eso la primera parte del proceso se efectuó a escondidas del Ejército, pues ya que, de recibir a tanto guerrillero peligroso, despertamos desconfianza en las Fuerzas Armadas y esto no le convenía a la Autodefensa.

En la entrega oficial, los encargados de realizar toda la negociación fueron, por la Autodefensa, Hernán Gómez; por la Iglesia, monseñor Duarte Cancino; por el Gobierno, Urbano Viana y Tomás De la Concha. Ellos tramitaron la movilización de los guerrilleros en helicópteros del Ejército, con orden expresa del Presidente. Se produjeron varios viajes desde el campamento guerrillero en Río Verde hasta el sitio acordado.

La tercera entrega de guerrilleros del EPL, que incluía al comandante ‘Sarley’ y ‘Ricardo’, ocurrió por intermedio nuestro, de Hernán Gómez y Tomás De la Concha en el corregimiento de Fresquillo en Tierra Alta. Los delegados portaban una orden presidencial para transportar a los guerrilleros en helicópteros del Ejército. Al llegar a la brigada, cuenta Hernán que el general Manosalva se sorprendió y dijo: “¡Así me gusta, que se entreguen porque los tengo rodeados!”

Los guerrilleros viajaron de noche y de día a Cedro Cocido. ‘Gonzalo’, el comandante más perseguido por las autoridades, también arribó allí, pero como era responsable de numeroso delitos la Fiscalía no respetó e intentó capturarlo. Un día antes, la fiscal departamental, Carmencita Turiso, proveniente de Medellín, se dio cuenta de la inconveniencia de no respetar lo pactado con los que se entregaban, entre ellos ‘Gonzalo’.

Sin embargo, sus superiores enviaron desde Bogotá una comisión para capturarlo al día siguiente. Esa noche me enteré y, como hombre de palabra, me robé a ‘Gonzalo’ y terminé protegiendo a mi archienemigo.

Actualmente permanece en la cárcel pero eso ya no es asunto mío. Cumplí y en la reinserción se hizo lo que les prometí a los guerrilleros. Recuerdo que Horacio Serpa y Hernán Gómez, queriendo evitar que el Gobierno tuviera algo que agradecerles a las Autodefensas, plantearon la reinserción con un plan de desarrollo para una región donde habitarían los subversivos. Costaría alrededor de cuarenta mil millones de pesos el plan. Pero ‘Gonzalo’ no confiaba en las propuestas del Gobierno y decidió el proceso al estilo Castaño.

Para cumplir mi palabra y evitar la captura de ‘Gonzalo’ por la Fiscalía, le pedí a Hernán Gómez que lo sacara del campamento. Sería inevitable un encuentro frente a frente, un momento bien particular. Fue trasladado a una finca de la Autodefensa, lo encontré sentado en un piedra con su mujer. Al verme se paró. Yo llevaba mi pistola y él, nada. Me acerqué y lo saludé: ¿’Gonzalo’, cómo estás?’ Entonces me contestó de igual manera: “¿Cómo estás, Carlos?”

No se me ocurría qué comentar hasta que intervino Hernán Gómez:

“¿Qué pasa aquí? ¿Se van a matar o a dar la mano?”

Estrechamos las manos y nos reímos con el reclamo desabrochado de Hernán. ¡Increíble!

Antes me refería a ‘Gonzalo’ como “negro hijo de puta”. Me mató civiles, me desapareció gente, dirigió emboscadas sangrientas, quemó ranchos y caseríos en zona nuestra; un devastador.

Por eso me sorprendió encontrarme a un hombre sereno, de voz suave. Aparecía calmado y se notaba que había conocido situaciones más adversas que las que yo había enfrentado en el campo de batalla.

Después de conversar partimos en mi camioneta. Por el camino destapé media de aguardiente y nos la bebimos. Al final de la noche, me preguntaba por qué nos matábamos.

Los enemigos comienzan odiándose, pero al prolongarse la guerra se examinan con curiosidad y después se desprecian. Pero se reconocen en su realidad. Por lo menos eso me ha pasado a mí.

No sé si con las Farc me suceda lo mismo algún día, pero a medida que pasan los años y uno se encuentra con el enemigo, más valor tiene esa pregunta: “¿Por qué nos matamos?”



XVII. DÍAS DE CONSPIRACIÓN


El humo de la fogata irritó nuestros ojos pero dispersó eficazmente a las polillas. La bella cascada que divisaba desde el altillo natural donde nos encontrábamos se perdió en la oscuridad. La noche llegó más pronto de lo esperado. Sólo nos iluminaban las luciérnagas gigantes y el chorro de luz amarilla de una linterna de bolsillo recostada sobre la mesa. Durante nuestra conversación se desgajó un aguacero como un baldado de agua derramado desde el cielo de la selva. Guardamos nuestros documentos en los morrales y corrimos por la trocha enfangada a escampar en la choza central del campamento. Un bombillo alumbraba una extensa mesa de madera donde hablamos sólo unos minutos más, porque a Castaño lo vencía el sueño. Pronto decidió irse a dormir a su carpa. Yo me quedé escuchando las historias de guerra de los patrulleros, en medio de un frío intenso. A la una de la mañana llovía igual. Decidí descansar y un guardia me acompañó hasta mi carpa, vecina a la de Castaño.

- Puede dejar las botas frente a la carpa pues el toldo que la protege evita que se mojen -me dijo el guardia.

Le agradecí la sugerencia y permanecí solo ante la malla trasparente de la entrada. El único orificio libre para halar la cremallera y entrar era el que dejaba el cable del bombillo que alumbraba el interior de la carpa. En mis momentos de insomnio escuchaba el fragoso golpe de la lluvia sobre el toldo que protegía la carpa. Me impresionaba el estruendo de los truenos en la selva, distinto a los que escuchaba en la ciudad, el campo o el mar. El eco era largo e interminable encadenándose un ruido pavoroso.

Aún no eran las seis de la mañana. Abrí la cremallera de mi carpa y al pasar por el frente Carlos Castaño preguntó:

- Buenos días, ¿Madrugó? Luego me invitó a bañarme en la cascada.

Salí en pantaloneta y sin camisa, con un maletín de aseo, con mis botas puestas y una toalla al hombro. El clima era extraño, una mezcla de frío y humedad.

Dejé mis botas en un arbusto cercano a “La Cristalina”, como llamaba Castaño el sitio que comprendía una pequeña playa de piedras diminutas similares a suave arena de mar. El agua pura y menos fría que la temperatura ambiente invitaba a nadar en ella. Nadé hacia Castaño que tenía espuma blanca por todo el cuerpo. Me pasó la pasta de jabón, se sumergió para enjuagarse y luego me dijo:

- Anoche leí algunas páginas del libro que me regaló. En la extensa entrevista al ex candidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado distinguí su faceta humana y familiar que no conocía bien. Pensé en contarle lo que conozco sobre su asesinato, pero me arrepentí. Primero, no tuve nada que ver, y segundo, la verdad ya la conocen los afectados.

Por una extraña razón, entre ellos y los victimarios parece que se hubiese pactado un armisticio sordo y rencoroso. El crimen del líder conservador fue perpetrado por un sector del narcotráfico y uno del Estado.

Por eso dudo si deba ser yo el que revele la verdad sobre el responsable de la muerte del doctor Gómez, sobre todo cuando la gente del poder en Colombia ha preferido guardar silencio. Lo que sí permanece claro para mí es que han tratado de torcer la verdad de manera insistente.

Hablo de este caso, porque en la investigación del crimen sospecharon de mí, cuando únicamente he admirado a ese hombre. Por eso le cuento que un día me visitó el narcotraficante Orlando Henao Montoya acompañado de su lugarteniente y otro narco más. Henao me dijo: “Vengo en nombre de un importante grupo de personajes colombianos y queremos ofrecerle un millón de dólares por asesinar a Álvaro Gómez Hurtado o al ex fiscal Alfonso Valdivieso Sarmiento”.

Ellos podían hacerlo solos pero me querían involucrar en el magnicidio. Nunca creí que pretendían hacerlo realmente, entendí que su intención era enviar conmigo una advertencia velada a quienes ellos veían como un riesgo para el Gobierno Samper. Es algo como hablarle a Bolívar para que escuche Santander. Esto lo percibí sobre todo en el consejero de Orlando Henao y su lugarteniente, que no tenía limites, su irracionalidad era tal que advertía, mataba y endilgaba. Así Orlando Henao Montoya tuvo el poder sobre los narcos durante años. Fue el capo de capos.

A la propuesta no di mi negativa de inmediato; ante esa gente uno no puede rehusarse al instante. Ganármelos de enemigos abría sido fácil. Le contesté así: “No puedo actuar de manera independiente y me debo a una organización. Además el doctor Álvaro Gómez, para mí y ante la memoria de mi padre, merece respeto.

Les di las razones que me imposibilitaban ser parte de esa operación y logré evadir la propuesta.

Carlos Castaño calló por varios segundos y se sumergió de nuevo en la piscina natural. Nadó hasta atravesar la cortina trasparente que forma el agua al precipitarse por la cascada. Lo seguí, ubicándonos detrás del chorro, y retomó la palabra explicándome que la investigación sufrió una desviación:

El proceso por la muerte Álvaro Gómez Hurtado fue manipulado y puedo asegurarlo porque en la reunión donde se discutió el tema se encontraba presente un hombre de mi confianza. En otra reunión también se habló de lo mismo. Ese segundo encuentro se dio en la casa de un magistrado del Consejo de Estado; asistió un altísimo funcionario de la Fiscalía General de la Nación y estuvo presente el narcotraficante Orlando Henao Montoya, quien tenía fuertes intereses en el caso. Además, en aquella reunión se comenzó a pactar entre el alto funcionario de la Fiscalía General de la Nación y Orlando Henao su detención y el tiempo que permanecería en la cárcel”.

Sin duda alguna, Orlando Henao Montoya fue el hombre más rico y poderoso de la historia del narcotráfico en Colombia, superior a los Rodríguez Orejuela y a Pablo Escobar. Lo digo yo que los conocí a todos. Los hermanos Rodríguez Orejuela se refirieron a él como ‘El Hombre del Overol’. Luego la prensa le atribuyó este remoquete a otro narcotraficante del montón por razones que desconozco. Él estuvo detrás del intento de plagio al abogado Cancino, defensor del presidente Samper. secuestró al hermano del ex presidente César Gaviria, Juan Carlos Gaviria. Creó el grupo JEGA y puso de figurón al famoso ‘Bochica’, su supuesto comandante. De ahí surgió el torvo panorama del gobierno de Ernesto Samper, del cual tengo algo más que decir. El ex presidente puede ser un hombre cínico pero no tiene la maldad como para conocer y autorizar los métodos despreciables utilizados por aquellos preocupados en impedir su caída de la Presidencia de Colombia. Desprecié a Henao por su actitud característica de disparar a la derecha y a la izquierda con la intención de prender conflictos. Creo que uno debe tener principios y una actitud definida hasta para ser bandido. Henao siempre se escondió en guerras de terceros. Además figuraron uno o dos despistados con poder de corrupción, intimidación y ejecución militar, cuya tarea consistía en defender al presidente Ernesto Samper, sin pedirlo él y tal vez sin saberlo siquiera.