Otra vez reinó el silencio por algunos segundos y Julián retomó la conversación:

- Estas ejecuciones se produjeron periódicamente para evitar generar temor en las comunidades. De a dos o tres ejecuciones cada semana. A la fija. Los que de verdad eran subversivos.

Así obtuvimos la confianza y la credibilidad de la gente buena. Luego recuperamos los barrios nororientales, cuadra a cuadra también. Allá la guerra urbana entre la Autodefensa y la guerrilla se llevó a cabo con fusil, truflay y granadas de 45 milímetros. Se armaron tremendos combates en pleno barrio, hasta expulsar a los milicianos de sus casas.

En los barrios de Barranca se vivió una clásica guerra de guerrillas, pues nosotros trabajábamos como lo hace la subversión. Nos infiltrábamos entre la gente y pasábamos como población civil, sobre todo, ante las autoridades. Escondíamos nuestros fusiles en las casas y los sacábamos a los enfrentamientos con milicianos del ELN, que hacían lo mismo.

- ¿Por qué les importaba tanto Barrancabermeja?

- Este municipio es el puerto petrolero más grande del país; el carburador de Colombia. Ecopetrol, la empresa petrolera del Estado, tiene un sindicato, la USO, que durante mucho tiempo fue infiltrado por la guerrilla del ELN. Cuando los subversivos querían paralizar el país, el sindicato organizaba un paro dejando a Colombia sin combustible, en sólo 48 horas.

Desde que la Autodefensa controla la zona no se ha realizado ningún paro significativo. Lo han intentado pero la gente de la región ya no le cree a paros sin una razón lógica.

En esta ciudad de más de trescientos mil habitantes, la guerrilla contaba con una infraestructura de logística: fábricas de camuflados, material de intendencia, centros de reclutamiento y escuelas de instrucción teórica en manejo de explosivos.

- ¡En Barranca mandaba el ELN y en dos años todo cambió!

Le di un giro a la conversación buscando profundizar sobre el ELN, y Castaño dijo:

- Pienso que la guerrilla tuvo un origen sano y pleno de buenas intenciones. Sin embargo, cuando cualquier organización irregular, incluyendo la Autodefensa y la guerrilla, se extiende en el tiempo, simplemente se degrada. Este tipo de movimientos se tornan en cacicazgos corruptos, que transan hasta para llegar a ocupar un cargo en el Estado Mayor de la Autodefensa o en el COCE del ELN o en el secretariado de las FARC. Poco a poco se va creando una mafia y con la que se convive. Entra el dinero en grandes cantidades y de ahí en adelante se convierte en un modus vivendi para combatientes y comandantes.

El cincuenta por ciento de los integrantes de las AUC toman la guerra como una forma de vida. Juzgue usted cuánto dinero gana la guerrilla y se podrá imaginar qué tan grave se ha tornado el conflicto. No niego que en la subversión hay algunos revolucionarios de verdad, como en las AUC existen antisubvesivos de corazón. Pero tenemos comandantes muy ricos, y sólo les interesa el dinero.

- ¿Qué guerrilleros del ELN, que haya conocido, lo han impactado?

- Algunos me han impactado para mal, hombres tan importantes para ellos como ‘Bairon’, el comandante del frente Carlos Alirio Buitrago, a quién capturamos en Antioquia y después fue canjeado por un grupo de secuestrados, entre ellos un muy buen amigo.

Cuando solté a Bairon, le regalé un reloj Guchi y le dije a Mancuso. “¿Por qué peleo con gente tan ignorante como ésta?”

Me contestó algo sabio: “Mucho cuidado que esa es la que lo mata a uno”.

También he conocido gente brillante, como el comandante ‘Esteban’. Lamenté sinceramente su muerte, pues era el tipo de personas que le hubiera servido mucho al país para el postconflicto.

Una vez el comandante ‘Corazón’, quién había sido el segundo hombre de la Compañía Anorí del ELN y que después se unió a las filas de la Autodefensa, me llamó y me dijo: “Comandante Castaño, acabo de capturar a un hombre que en la última conferencia nacional del ELN, a la que asistí, fue nominado para ser miembro del comando central”. Aquel hombre era ‘Esteban’, uno de los comandantes políticos más importantes del ELN. Permaneció en mi poder durante cinco meses, tiempo en el que aprendí de él y su movimiento subversivo; era una persona muy inteligente.

Gracias a el me ahorré muchas conferencias. Claro que durante los primeros días de la captura no resultó fácil tratarlo. Su actitud fue más abierta desde el día en el que detuve la camioneta en la que íbamos y le propuse: “¡Vamos a hacer algo! A través de usted, buscaremos la forma de llegar a un acuerdo con el comando central del ELN para ver si por fin acabamos con esta guerra”.

- ¿Y qué pasó? le pregunté a Castaño.

- Desde su cautiverio, ‘Esteban’ habló varias veces con ‘Antonio García’, pero al final no se pudo hacer nada. Y le digo una cosa, periodista: si por el comandante ‘Gabino’ fuera, la paz entre el ELN, el Gobierno y la Autodefensa se hace en ocho días. El problema en ese grupo guerrillero es ‘Antonio García’, el más radical y duro de los subversivos.

A causa del gran número de hombres del ELN que he capturado y conocido, me atrevo a decir que conozco a este grupo como cualquiera de sus fundadores. Las conversaciones con ‘Esteban’ me permitieron percibir que esta guerrilla no aguantaría una arremetida de la Autodefensa en todo Colombia, como finalmente sucedió.

Él evidenciaba las enormes diferencias entre los comandantes: unos desesperados por negociar, otros tratando de conseguir territorios para posicionarse y ‘García’ con su visión radical.

- ¿Y qué le pasó a ‘Esteban’? -le pregunté de nuevo.

- ¿Recuerda el día en que las FARC atacaron con setecientos guerrilleros a Tolobá, mi campamento en el Nudo del Paramillo, cuando Mancuso me rescató en helicóptero? Bueno, ahí murió ‘Esteban’. De los guardias que escoltaban al comandante del ELN y protegían la casa de Tolobá sólo sobrevivieron Buelvas y otro patrullero.

Sobre la mesa del comedor de aquella casa falleció ‘Esteban’ de un tiro de fusil. Los subversivos de las FARC lo encontraron muerto y lo confundieron conmigo. Como vestía con mi ropa informal, el ‘Negro Tomás’ y el ‘Manteco’ se apresuraron a reivindicar mi muerte. Por radioteléfono decían: “Castaño está muerto”.

Luego se llevaron el cuerpo como se transporta a un enemigo: lo desnudaron y después lo colgaron de un palo, lo amarraron de pies y manos, ¡como si me hubieran llevado a mí!

Cuando llegaron al Cerro de la Burra, los esperaban los comandantes guerrilleros ‘Salomón’ y ‘Jacobo’, quienes, al verlo, confirmaron que se había dado una falsa noticia. Esto aminoró el triunfo guerrillero, que había sido meterse a mi campamento.

- ¿Cómo ve hoy al ELN? -le pregunté a Castaño.

- Esta guerrilla se está desintegrando paulatinamente y sus reductos se han disgregado; a sus guerrilleros sólo los une la necesidad de sobrevivir. En el transcurso del año 2001, doscientos de sus miembros se han entregado a las AUC. Muchos siguen desertando, dejan la guerra y se van para otros lugares. También las FARC han absorbido varios de sus frentes y han acabado militarmente con otros.

El ELN pierde territorio a diario ante la Autodefensa y sus comandantes se ven obligados a permanecer en el exterior, porque en Colombia ya no controlan territorios que les brinden seguridad. Este grupo guerrillero va por el mismo camino del M-19 y del EPL. Su debilidad lo obliga a negociar con sensatez, razón por la cual el Gobierno de turno debe atenderlos, pero sin dejarse engañar. No se puede permitir que se oxigenen, porque a los sinvergüenzas les vuelve el arribismo.

Hicimos una pausa para almorzar y después Castaño se fue a otra finca con su novia. Ya el tema del libro no le simpatizaba mucho a Kenía, pues el poco tiempo libre que le quedaba a Castaño, lo invertía en largas conversaciones conmigo. Además, el matrimonio se acercaba. Hoy era 6 de mayo y la boda sería el 15. Me quedé con los comandantes ‘Julián’ y ‘Gustavo’, recorrí con ellos la región, visitando cada uno de los sitios donde ocurrieron los primeros y únicos enfrentamientos entre la Autodefensa y el ELN. En la noche me condujeron hasta el corregimiento de San Blas, donde conocí otra faceta de la guerra; un pequeño hospital de la Autodefensa, lleno de combatientes heridos y rostros de tristeza.


XX. LAS CONVERSACIONES SECRETAS: EL GOBIERNO PASTRANA Y LAS AUTODEFENSAS


La mañana del 7 de mayo del 2001 el país se despertó con un candidato al premio Nobel de Paz. La revista Cambio reveló las gestiones secretas del Gobierno en Oslo, Noruega, para que el presidente Andrés Pastrana se ganara este galardón. En portada, un fotomontaje mostraba al primer mandatario vestido para la ocasión y el titular decía: “La carrera por el Nobel”.

Ese lunes yo había amanecido en un solitario y pequeño hotel del apartado corregimiento de San Blas, en el departamento de Bolívar. Allí, el periódico llegaba al medio día y las revistas a mitad de semana. Se podía leer el polémico artículo en Internet.

Castaño se despertó, como de costumbre, en horas de la madrugada. Hasta las siete leyó correos electrónicos y prensa digital en una de las tantas casas humildes que pasan inadvertidas pero que por dentro son toda una central de comunicaciones de las Autodefensas.

Eso explicaba el escueto saludo al verme algo que leyó lo había sacado de casillas. Escasamente se paró de la hamaca y me dio la mano. Me senté en una banca aledaña y cuando comenzaba a balancearse impulsado por sus botas militares, me miró y soltó su enojo:

- ¡El gobierno Pastrana es traicionero! No hubo conversación seria con nosotros y nos trató como a unos serviles. De ahora en adelante cualquier gobierno que quiera hablar con la Autodefensa deberá hacerlo de cara al país y a la comunidad internacional. De otra manera no me interesa dialogar con nadie. Ya estoy cansado de este tratamiento de prostituta. Mire lo que se publicó en la revista del maestro Gabriel García Márquez: hasta discurso de candidato se fue a dar Pastrana al instituto Alfred Nobel, en Noruega. Éste es un extracto de lo que dijo el Presidente: “Hoy puedo decir que, a pesar de los recientes tropiezos, hemos avanzado en dos años lo que fue impensable durante décadas. Con las FARC, el grupo guerrillero más grande y antiguo del planeta, hemos iniciado un proceso de negociación, con una agenda y unos procedimientos definidos…”. Qué mentira, qué gran engaño para el país.

El Presidente mintiendo para ir buscando el premio Nobel es un hecho simplemente despreciable. Este hombre está jugando con los colombianos y el futuro del país. Ahora sí entiendo sus intenciones: únicamente quería mantener contentas a las FARC, al ELN y a las AUC, para obtener el premio Nobel de la Paz. No ha pensado en Colombia; piensa en él. ¡Andrés Pastrana es un sinvergüenza, un irresponsable y un apátrida!

Quien más ha fortalecido a la guerrilla colombiana en los últimos años es este presidente, de eso no me queda la menor duda. Cuando comencé a hablar con usted para escribir este libro, no me quería referir en esos términos al Primer Mandatario. Siempre creí que a pesar de su equivocado proceder era un buen hombre. Ahora entiendo que no es así y revelaré detalles de asuntos que pensé callar, pero ya no puedo creer en la buena fe de alguien como él.

Recuerde que el maestro ‘Gabo’ en un comienzo apoyó a Pastrana y él conoce muy bien el ámbito del premio Nobel. Al autorizar que este artículo se publique en su revista, nos está diciendo bastantes cosas.

- ¿Qué le dice a usted lo publicado?

- ¡Todo! El maestro comenzó optimista con el gobierno de Pastrana. Decía: “Vamos a camellar por el país”. Pero muy pronto se dio cuenta de la falta de seriedad del Presidente y dejó de creer en él.

- ¿Por qué lo dice?

- El primer acercamiento entre las Autodefensas y este Gobierno se realizó a través de Gabriel García Márquez. Durante los primeros meses del gobierno de Pastrana, él llamó a la casa de don Rodrigo García, en Montería. Para el viejo, a quien considero mi segundo padre, fue una grata sorpresa oír el cálido saludo de Gabito, como se refiere al maestro. Don Rodrigo es contemporáneo del escritor y ambos son costeños, sinónimo de mamagallistas. Por eso don Gabriel le dijo por el teléfono: “¿Cómo estás, primo?”.

Sin reconocerlo, el viejo le dijo: “Bueno, cuando yo tengo un pariente de mucha importancia, primero espero que me reconozca de su familia”.

El Nobel le decía “primo” a don Rodrigo, no porque tuvieran algún lazo familiar, sino como una forma amable de comenzar la conversación y sacarle partido a la coincidencia de tener el mismo apellido. Además su hijo también se llama Rodrigo. Al abordar las razones de la llamada, se entendieron por instinto y planearon un encuentro.

A pesar de no ser de público conocimiento este esperanzador acercamiento con el Gobierno, yo me sentía mejor atendido que la guerrilla. Mientras a las FARC las visitaba un tal Víctor G. Ricardo, comisionado de paz, a quien sólo conocía uno que otro godito viejo, nosotros comenzábamos con el pie derecho al reunirnos con el maestro Gabriel García Márquez, quien de manera altruista había aceptado ayudarle al Presidente. Él tenía claro que si el país necesitaba su sincero esfuerzo para lograr la paz, era una obligación prestar su desinteresada ayuda como mediador entre el Gobierno y la Autodefensa.

Con un interlocutor como el maestro ‘Gabo’ para el primer acercamiento, yo pensaba: ¡Pastrana es el hombre! Pero muy pronto demostró que no. Me equivoqué y hasta el Nobel comenzó a desconfiar del Presidente. Antes que yo. El escepticismo del Estado Mayor de la Autodefensa frente a Pastrana siempre se mantuvo y yo continuaba defendiéndolo porque creía haber acertado al confiar que con él se iba a terminar la guerra.

La primera reunión con el maestro de la literatura mundial García Márquez se llevó a cabo en ciudad de México y asistió don Rodrigo en compañía de su hijo. Recuerdo una anécdota de la primera carta que le escribí al Nobel. En ella le manifestaba que yo ejercía total autoridad sobre las fuerzas civiles antisubversivas no estatales en Colombia -en ese momento la unidad y subordinación en las AUC eran plenas, hoy no tanto. Cuando el maestro terminó de leer mi mensaje, miró a don Rodrigo y le comentó: “Dígale a Carlos que esta carta está muy bien escrita”. Mi satisfacción era inmensa cuando me lo contaron. En ella le solicitábamos al Presidente que no se otorgaran concesiones desenfrenadas a la guerrilla e iniciara diálogos con nosotros. En un principio sentimos que él, Pastrana, en algo nos escuchó y nos tuvo en cuenta.

La segunda reunión significativa se llevó a cabo en el Palacio de Nariño entre el presidente Andrés Pastrana y don Rodrigo García. Elaboré una misiva para el primer mandatario y cuando escribía recordé a papá Castaño que decía: “A Colombia lo arregla un presidente conservador y joven” Imagínese el tono y los términos del mensaje. Cuando Pastrana leyó mi carta le dijo a don Rodrigo: “La negociación con Carlos Castaño debe durar una tarde”.