El viejo, también bien godo, añadió emocionado: ¡Claro!

Luego se efectuó la segunda reunión entre el Nobel y don Rodrigo. Para esa época el maestro ya evidenciaba su delicado estado de salud y cuando llegó a visitarlo mi emisario, el escritor le dijo a su llegada: “¡No te asustes primo que no es un fantasma lo que estás viendo!” El maestro se veía más delgado de lo normal por el tratamiento que adelantaba para recuperarse. Desde ese instante el Gobierno nos transmitió el mensaje de que pronto se iniciarían los diálogos con nosotros. Aunque el tiempo transcurría y a lo nuestro el Presidente nunca se refería de manera oficial, yo seguía con las esperanzas vivas y creyendo en Pastrana. En la reunión, el maestro Gabriel García Márquez organizó un encuentro en España con el ex presidente Felipe González, como un favor que ‘Gabo’ le rendía al Presidente, el último eso creo yo. Ya comprenderá por qué.

Antes de terminar la reunión el Nobel le dijo a don Rodrigo: “Yo veo a Carlos como un Quijote”. Al conocer estas palabras intenté reflexionar pero fue imposible; seguía con mi pastranismo alborotado.

A Madrid viajaron en representación de la Autodefensa don Rodrigo y Hernán Gómez. Allí se les unió un intelectual de la academia europea que colabora con la organización. Aunque sabíamos que nos confundirían con los GAL, optamos por asistir. El ex presidente Felipe González fue honesto y pragmático, habló claro sobre lo que él consideraba nuestra obligación: contribuir con el presidente Andrés Pastrana. Todas sus preguntas indagaban por la posibilidad de despejarle el Sur de Bolívar a la guerrilla del ELN. Uno de los asistentes a la reunión, que duró cerca de tres horas, le expresó a Felipe González: “Hay algo muy importante: cualquier decisión que se tome respecto a esta zona para el ELN debe tomarse pensando en los habitantes de la misma”. Intentábamos decirle al ex presidente español que las Autodefensas defendían y respetaban el Estado pero no eran gobiernistas. Sin embargo, para el señor Felipe González nosotros debíamos ayudarle al Presidente y, según él, al final algo nos quedaba a nosotros. Las palabras del ex mandatario preocupaban y causaban un gran desánimo entre mis amigos que se sintieron tratados de manera equívoca como apéndices del Gobierno colombiano. Yo creía que el proceso de paz iba por buen camino y que mi obligación era dejarlo avanzar y hacerlo crecer. ¡Dios mío, qué equivocado estaba!

En conclusión, Pastrana nos convocó a España para que después de la reunión en el despacho del expresidente González, aceptáramos el despeje para el ELN en el Sur de Bolívar. En cuanto al Gobierno, el mensaje continuó siendo el mismo: “Muy pronto se iniciarían diálogos con la Autodefensa”. Nuestra posición siempre fue la de permitir el despeje del Sur de Bolívar si la guerrilla del ELN efectuaba un cese de hostilidades y concentraba sus reductos en esa zona desmilitarizada. A partir del gesto, la Autodefensa entraría a ser parte del proceso de paz como el tercer actor.

Después del encuentro en Madrid don Rodrigo me dijo: “Mi intención consistía en ayudar a Colombia evitando que ustedes resultaran un problema para el Presidente pero ahora dudo de estar haciendo lo correcto”.

A mi juicio, don Rodrigo creyó que con su autoridad moral, su indiscutible experiencia y buen olfato podría persuadir al Presidente pero cuando él se convenció del férreo criterio de Pastrana, aunque fuera para equivocarse con nosotros y con el país, entendió que ya no había nada que hacer y decidió no formar parte de ninguna nueva misión. Pero por respeto al maestro Gabriel García Márquez y consideración con su sincero esfuerzo por avanzar hacia el fin de la guerra, asistió a la última reunión con el Nobel en Bogotá. El maestro seguía ayudando al Presidente pero ya sentía que no había mucho por hacer, y así se lo hizo saber al viejo. Las concesiones desenfrenadas a las FARC se dieron y las críticas al proceso de paz sin resultados tomaron fuerza. En ese instante el maestro daba más de lo humano, intentando poner a andar un proceso en serio y le dijo a don Rodrigo García: “Ya no creo en el presidente Pastrana”.

Por esos días el maestro continuaba recuperándose de su quebranto de salud y salía a caminar por un pequeño parque acompañado de su chofer, don Chepe. Después de esa reunión reflexioné sobre otro comentario del Nobel: “Me sorprende mucho ver a Carlos tan confiado y optimista frente al gobierno y el proceso de paz”.

Cada vez que don Rodrigo asistía a estas reuniones, la expectativa no me permitía dormir. Pero el desaliento se convirtió en la constante. Todavía sueño ver llegar al viejo con la buena nueva, después de haberse reunido con el maestro: “Se acabó la guerra y vamos para el Congreso”.

Castaño alcanzó a oír un helicóptero que se aproximaba e interrumpió:

- ¿Lo alcanza a escuchar?

- ¿Escuchar qué? -le contesté, pues me encontraba concentrado en su relato y el ruido de la selva.

Saltó de la hamaca y se salió de la choza para gritar:

- ¡Cuidado con darle bala al helicóptero que viene! ¡Es amigo! ‘H2’, infórmele a la tropa que va a aterrizar aquí cerca.

Cuando salí de la choza para escuchar las aspas del aparato, Castaño dijo:

- Olvidé avisar de la visita del doctor Mario Fuentes. Como se encontraba cerca, esta mañana decidí enviar un helicóptero a recogerlo.

- ¿Quién es el doctor Mario Fuentes?

- Un diplomático de la Autodefensa. Él fue otro delegado nuestro en las conversaciones con el Gobierno. Ingeniero civil educado en las buenas universidades de la antigua Unión Soviética y especializado en Europa. Lo conocí vía Internet hace tres años. Me comentó cómo fue víctima de la guerrilla, y siguió escribiendo. Sus planteamientos me interesaron y me acerqué a él.

Esta mañana leía la revista Cambio y decidí llamarlo para que hablara con usted.

Minutos más tarde, ‘H2’ se acercaba con el doctor Mario, en una camioneta.

- ¡Buenos días, Comandante! -saludó el ingeniero.

- ¿Cómo está, doctor Mario? -contestó Castaño. Le presento al periodista de quien le hablé. Sólo lo vamos a molestar un rato para que nos cuente cómo fueron los encuentros con el Gobierno.

Castaño comenzó el relato:

- Una mañana, Luis Carlos Ordosgoitia congresista por el departamento Córdoba, me buscó para darme un mensaje del presidente de la República. Recibí al representante a la Cámara por el Partido Conservador ya que es un hombre de confianza del presidente Pastrana. Me comunicó que el Primer Mandatario deseaba hablar con las Autodefensas y ésta era la razón que me enviaba: “Quiero que alguien de primera línea en las AUC se reúna con otra persona del Gobierno con las mismas características”.

Ya se habían dado los acercamientos con el Presidente Pastrana a través de don Rodrigo y el maestro Gabo, pero ésta sería la primera conversación entre el Gobierno de y nuestra organización. Se dio en el Gun Club de Bogotá. En representación del Presidente asistió el canciller Guillermo Fernández de Soto y de la Autodefensa, el doctor Mario. Lo que se discutió ahí se lo comentaría el doctor Mario, quien ofició desde la primera hasta la última conversación como nuestro delegado. Después de escucharlo comprenderá por qué sostengo que el Presidente ha tenido un aliado, aunque nunca de doble vía. Públicamente me ataca y me persigue en la práctica, pero por debajo de la mesa me quiere transar para obtener mi ayuda.

Castaño se detuvo y concentramos nuestra atención en el relato del doctor Mario:

- El encuentro con el ministro de Relaciones Exteriores fue en marzo del año 2000. A las siete de la mañana me reuní en el sitio acordado con el congresista Ordosgoitia y luego con el Canciller; me saludó amablemente y ordenó desayuno para todos. La actualidad nacional fue el tema que rompió el hielo y luego fue al grano. “El Gobierno cree que también hay que darle una salida negociada a la guerrilla del ELN pero nosotros entendemos que en la zona que solicitan el despeje- los municipios de Simití, Cantagallo, San Pablo y Yondó- existe influencia de la Autodefensa. ¿Cómo podemos darle esa posibilidad al ELN?”

Enseguida saqué papel y lápiz, dibujé un mapa de la zona, y le expliqué al doctor Fernández de Soto lo difícil que era aceptar tal propuesta: “El ELN no necesita cuatro municipios y menos con distancias tan amplias entre ellos. Sería desmilitarizar un territorio que comienza en el departamento de Bolívar y termina en Antioquia, lo que acabaría siendo un despeje no para la guerrilla del ELN sino para las FARC. A través de ese corredor podrían avanzar hacia el norte del país y se les pondría a disposición toda la ribera del río Magdalena. Las FARC lograrían llegar a Barrancabermeja, algo sumamente riesgoso. Pero en aras de brindar condiciones, nosotros le recomendamos al Gobierno otro despeje, sólo en dos municipios, Simití y San Pablo, o Cantagallo y San Pablo”.

El comandante Castaño me había autorizado a insinuar esta propuesta como una alternativa para el Gobierno frente a la propuesta del ELN. El canciller calló y luego le pregunté lo que le interesaba a la Autodefensa: “¿Y qué vamos a recibir a cambio al permitir este despeje?”

- ¿Qué pretenden ustedes? -contrapreguntó.

“Nosotros le pedimos al Gobierno el inicio de una negociación tripartita en el proceso de paz que incluya al Gobierno, las guerrillas y las Autodefensas, lo que implica status político y sus efectos”.

“Eso es imposible en este momento, dijo el Canciller. Sólo lo veo viable cuando se afiance el proceso de paz con la guerrilla y, para consolidarlo, necesitamos esa zona de despeje que solicita el ELN”.

Ambos hicimos una pausa y se me ocurrió decirle: “Con respecto al proceso del ELN nosotros creemos que se deben poner ciertas condiciones, para empezar, un cese de hostilidades, pues este grupo guerrillero se encuentra derrotado militarmente, no posee ni siquiera dos mil hombres armados y permanece encerrado en un mismo territorio rodeado por las Autodefensas. ¿No es mejor que el Ejército lo combata y lo destruya, doctor Fernández?”

“En estas circunstancias las guerrillas como el ELN son peligrosas, no por la cantidad de hombres que tengan sino por el terrorismo que hacen a la infraestructura del país. En la primera semana se culpa al grupo subversivo pero en la segunda, es el Gobierno el responsable. Lo mejor es consolidar una negociación política”.

Parecía que todo estaba dicho en ese desayuno; hasta el canciller cambió de tema para hacernos varias recomendaciones: “Deben evitar las masacres y la Autodefensa necesitará desligarse del narcotráfico si espera una salida negociada. Sino, es imposible darle una presentación internacional al caso de las AUC”.

De ahí en adelante me hizo preguntas sobre la estructura y funcionamiento de las AUC, de todo lo que le respondía tomó nota. Al terminar la reunión concluí que el Gobierno sólo buscaba nuestra ayuda para despejarle el Sur de Bolívar al ELN.

En esa reunión se planeó la siguiente y se acordó que me reuniría con el Estado Mayor de la Autodefensa para comunicarle lo discutido. Los comandantes recibieron con incredulidad los resultados del primer encuentro con el Gobierno. Sólo el comandante Castaño estuvo conforme con lo sucedido y recomendó el despeje de por lo menos dos municipios. Recuerdo como les insistió a las del Estado Mayor: “Hay que ayudarle al Gobierno”.

La propuesta de los dos municipios tomó fuerza pero el comandante Salvatore Mancuso advirtió el peligro rendirle los municipios a la guerrilla y propuso despejar solo el Tiquisio.

Entonces intervino el comandante Julián: “Si entregamos los dos o los cuatro municipios, el ELN deja que las FARC paralice a Colombia en 72 horas. Taponan la troncal del Magdalena, principal autopista hacia los puertos marítimos, y en Barranca suspenderían el bombeo de gasolina de la primera refinería del país”. La última propuesta se sometió a votación y la decisión fue despejar sólo un municipio, el de Tiquisio. Terminada la cumbre de comandantes, Carlos me dijo en privado: “Ofrézcale al Gobierno los dos municipios, que yo trabajo esto con el Estado Mayor para establecer una nueva votación y aprobar el despeje como se lo habíamos sugerido al Gobierno”.

La segunda reunión con el Gobierno se realizó veinte días después. De nuevo en el Gun Club. Por esos días habían ocurrido unas fuertes incursiones de la Autodefensa en el Putumayo, y Guillermo Fernández de Soto comenzó la reunión pidiéndome explicación por lo sucedido. Me dijo: “Hay que parar estos ataques que son poco convenientes para las conversaciones que estamos sosteniendo”.

En el Estado Mayor se había acordado detener las incursiones de la Autodefensa para propiciarle buen ambiente al diálogo con el Gobierno y esto lo puse en conocimiento del canciller Fernández de Soto en ese momento. De manera unilateral creamos el primer compromiso con el Gobierno del presidente Pastrana.

Luego le reiteré la propuesta de la Autodefensa, despejar solamente los dos municipios: Simití y Cantagallo o Cantagallo y San Pablo. Le manifesté también una nueva alternativa, un solo municipio, Tiquisio.

En esa reunión no se avanzó. Permanecíamos en el mismo punto porque el canciller sólo nos dijo: “Voy a transmitir la contrapropuesta al ELN”.

Después nos enteramos por otros medios de que la respuesta a la alternativa ofrecida, fue una gran carcajada de Antonio García, comandante del ELN. Ellos siguieron exigiendo los cuatro municipios que las Autodefensas ya les habían quitado en el campo de batalla.

Pasó más de un mes y no escuchamos noticias del Gobierno. Sin embargo notamos que el ELN se mostraba cada vez más fuerte en sus declaraciones; como si se le hubiera aprobado el despeje. En la comunidad internacional regaron el cuento de que ya estaba todo listo. Interpretamos el silencio del canciller Fernández como una forma de ignorarnos. Algo sucedía y era que el decreto de la zona de despeje para el ELN estaba firmado, sólo faltaba hacerlo público. El comandante Castaño se enteró y convocó una reunión urgente del Estado Mayor donde expresó: “Todo indica que el Gobierno nos ha estado utilizando. Nos quieren mantener quietos, mientras le entregan la zona a la guerrilla”.

Entonces se decidió promover un paro en contra de la zona de despeje para el ELN. Teníamos que hablar con las comunidades en la zona y llegar a un acuerdo para la masiva movilización. Cuenta Julián, comandante del Sur de Bolívar, que en la Autodefensa nadie sabía organizar un paro y fue la comunidad la que lo trazó, pues le dijeron: “No se preocupe comandante, que cuando la guerrilla mandaba en la región, nos enseñó cómo adelantar un buen paro”.

El Gobierno desestimó la primera movilización, pero con el paso de los días se acrecentó el bloqueo gracias al apoyo de los habitantes de la zona. Al completarse diez días de paro surgieron nuevas protestas en otros lugares del país contra los efectos del primer paro. El país comenzó a vivir un caos en sus principales vías. Los transportadores fueron bloqueados y resultaron muy afectados por el taponamiento de la troncal del Magdalena. Ese día comprobamos lo desastroso que resultaba un paro en aquella región, y con mayor fuerza se mantuvo la posición de no entregarle la zona a la guerrilla.